29/7/11

Cuando de activos se trata

Marisol escucha a su papá quien le explica acerca de la importancia de que ella y Fernando hagan una revisión de sus metas financieras para sustituir las que han alcanzado por otras, en función de su plan de vida como pareja. Uno de los aspectos que quieren examinar es la presencia de activos productivos como una vía para lograr un crecimiento de su patrimonio familiar.

Los activos son los bienes que una persona tiene o posee, bien sea porque los ha adquirido o recibido como regalo o herencia. Contablemente se clasifican en circulantes o fijos dada la velocidad con la que puedan convertirse en dinero en efectivo. El saldo disponible en una cuenta de ahorro es un activo circulante mientras que un terreno es un activo fijo.

Si se toma en cuenta el valor que las pertenencias añaden al patrimonio o su incidencia en la construcción de este, se puede hablar de activos productivos y activos no productivos. Los activos productivos se revalorizan en el tiempo o reportan dividendos o rentas y los activos no productivos son gastos que no tienen impacto positivo en el capital de una persona o familia.

En la medida en que se adquieran más activos productivos se avanza a mayor velocidad en la creación del valor neto. Es por ello que en el momento de establecer metas financieras es importante hacer énfasis en la adquisición de bienes como apartamentos, terrenos, acciones en un negocio o club, cuentas bancarias en moneda dura o equipos para llevar a cabo actividades profesionales.

Cuando se tienen metas claras, se evita caer en compras compulsivas que resultan en la adquisición de activos que no reportan ganancia alguna. Una persona que tiene objetivos definidos sigue de largo cuando ve una oferta de zapatos que no están dentro de sus prioridades y no utiliza la tarjeta de crédito como forma de pago para ir a la peluquería o al gimnasio.

El interés de Marisol y Fernando es construir un patrimonio personal que les permita mantener un nivel de vida cómodo y agradable mientras siembran las bases para un futuro en el que vendrán los hijos a los que quieren dar una buena educación. Su objetivo de vida incluye poseer un respaldo financiero que les permita vivir una vejez tranquila sin sobresaltos financieros.



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Hay comienzos más difíciles que otros

A Emilia le gustó ir de compras desde que era niña y esta conducta le trajo muchos al convertirse en adulta. A pesar de sus buenos resultados, el Spa del que es socia no podía financiar sus compras compulsivas. Por esto, empezó a utilizar tarjetas de crédito para pagar comidas en restaurantes de moda, ropa, zapatos y viajes. Cuando se dio cuenta, trabajaba para pagar las tarjetas.

A nuestro alrededor hay muchas personas como Emilia para las que el verbo gastar es más importante que ahorrar. No piensan en crear un fondo de emergencias y mucho menos en construir un patrimonio personal. Son gastadoras de oficio y, cuando cobran la quincena, pagan el monto mínimo en las tarjetas de crédito para seguir gastando. Todas ellas tienen algo en común, ausencia de metas financieras.

Cuando un individuo se ha tomado el tiempo para poner en blanco y negro sus metas financieras, es capaz de usar su dinero para hacer compras inteligentes dejando de lado los gastos que deterioran su presupuesto. Las metas financieras colocan objetivos claros y centran sus esfuerzos en alcanzarlas, lo que le da la fuerza para evitar desviaciones.

Es común escuchar el lamento de quienes manifiestan no tener suficiente fuerza de voluntad para evitar hacer compras compulsivas y es que esto le ocurre por no tener metas claramente definidas. Para ello, se requiere hacer una pausa en el camino y pensar en la calidad de vida que desean alcanzar considerando que la juventud no es eterna y que si no guardan hoy llegaran a la tercera edad desprotegidos financieramente.

El primero paso es definir objetivos cuyos logros aporten cambios importantes en su vida, como hacer un postgrado para aumentar la competitividad profesional, adquirir una vivienda, tener un negocio propio en cinco años o iniciar un plan de retiro para la tercera edad. Al visualizar el impacto del logro de esos objetivos, aparecerá la fuerza para empezar, de a poquito, hasta formar un nuevo hábito.

En el presente, Emilia no es compradora compulsiva. Para cambiar su comportamiento comenzó por escribir con lujo de detalle cinco metas financieras para iniciar la construcción de su patrimonio personal. Redujo gastos, pagó la deuda de las tarjetas de crédito, empezó a ahorrar todos los meses, aprendió a divertirse con poco dinero y empezó a estudiar un postgrado para mejorar su desempeño profesional

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15/7/11

Sacar la cuenta para seguir adelante

César, en medio de sus múltiples actividades, toma un tiempo para revisar el plan financiero que hizo cuando aún era estudiante para adaptarlo a su nueva situación como un profesional de la medicina recién graduado. En principio, le interesa conocer a cuanto asciende su valor neto o patrimonio personal, para avanzar en la determinación de sus metas financieras.

El patrimonio de una persona refleja su valor monetario en un momento dado. Es fundamental conocer esta cifra como un paso previo para establecer las metas financieras dirigidas a hacer crecer el capital personal y familiar. Su cálculo es un ejercicio que, a pesar de ocasionar angustia y preocupación en muchos casos, puede convertirse en un gran motivador para hacer cambios en los hábitos de consumo y ahorro.

El ejercicio del cálculo del patrimonio personal empieza por conocer el importe total de los activos o posesiones con que se cuenta, a valor de mercado. Se considera el dinero en efectivo, divisas, inversiones en mercado bursátil y participación en empresas, bienes muebles e inmuebles y las cuentas por cobrar. Se toman en cuenta todas las pertenencias que en un momento dado se puedan vender.

Seguidamente, se prepara una relación de los pasivos o deudas. En este apartado se debe contemplar cualquier monto que se adeuda a terceros, bien sea a instituciones financieras, empresas, amigos y familiares. Además, es importante, incluir los intereses por financiamiento y las cuentas por pagar atrasadas de servicios como mensualidades de condominio, colegio o vivienda.

Conocidos ambos montos, se hace una operación aritmética. Al valor total de activos se le resta el de los pasivos y esa diferencia es el patrimonio personal. Una cifra positiva indica que, en un momento dado, una persona puede cubrir todas sus deudas con sus activos, mientras que una cifra negativa muestra insolvencia financiera y la necesidad de aplicar medidas correctivas de inmediato.

Una vez realizado el cálculo, César siente satisfacción al corroborar que cuenta con un valor neto positivo, producto del cuidado con el que usa su dinero. En función del resultado, decide establecer una meta de crecimiento anual de su patrimonio así como proceder con la inversión que tiene en mente. Reconoce que lo que ha logrado hasta el momento es fruto de los hábitos de ahorro y consumo que ha incorporado a su vida.


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8/7/11

Ante todo, una buena relación

Raquel busca a Guillermo a la salida del colegio y lo encuentra con cara triste. El niño la saluda y le dice: “Mamá, me dijeron que soy un ser interesado y desagradable porque me gusta tener dinero así como a ti y a mi papá. ¿Eso es malo? ”. Raquel se prepara para dar una explicación a su hijo acorde con los valores y principios que ella y su esposo se han propuesto enseñarle para hacer de él una persona íntegra y feliz.

A lo largo de nuestra vida requerimos dinero para satisfacer necesidades básicas, cumplir deseos y alcanzar metas. A través de él interactuamos con el entorno para realizar actividades como gastar, comprar, ahorrar, invertir y donar. El dinero está presente en el día a día de las personas, en hechos tan sencillos como comprar un café o en acciones sofisticadas como invertir en mercados emergentes.

En la medida en que tengamos una buena relación con el dinero, podremos obtener mejores resultados de su uso. Si aprendemos a cuidarlo, administrarlo y reconocemos los beneficios que puede brindarnos, podremos sacar excelente provecho de esta relación. Si lo despreciamos y menospreciamos, tendremos resultados pobres en nuestra interacción con él.

La percepción que tenemos del dinero está fundamentada en las enseñanzas que recibimos en el hogar. Unos padres que enseñan a sus hijos a cuidar y administrar bien el dinero, están formando ciudadanos que lo usarán para procurar solvencia financiera mediante el gasto moderado, las compras inteligentes, el mantenimiento de un fondo de emergencias, el ahorro, la inversión, la donación y el entretenimiento.

Tenemos dos alternativas para actuar frente al dinero, lo controlamos y dominamos o permitimos que nos controle y domine. La decisión está en nuestras manos y es nuestra responsabilidad asumir las consecuencias de nuestra actuación. Sin duda, lo mejor es aprender a manejarlo en función de nuestras metas financieras, con lo que estaremos abonando el camino para disfrutar de buenos momentos a través de él.

Raquel considera importante hacer un cambio en su agenda profesional e invita a su hijo a un helado después de almorzar para conversar acerca del dinero, de la importancia de aprender a usarlo en nuestro beneficio, de la forma en que podemos relacionarnos bien con él. Ella sueña con un hijo que, al convertirse en adulto, sea capaz de esforzarse por alcanzar sus sueños y se asegure una existencia sin sobresaltos económicos.



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Cuando despilfarras, estás botando el dinero

Raúl regresa de casa de su novia quien, al igual que él, tiene 15 años y comenta a sus padres: “La familia de Andrea necesita con urgencia un curso de finanzas personales”. Estos lo miran con curiosidad y esperan que les cuente el porqué de su afirmación. El chico dice que vio varios grifos goteando, un aire acondicionado encendido en una habitación vacía y comida dañada en la nevera. En fin, mucho despilfarro.

El despilfarro es la acción de derrochar, malgastar, gastar en exceso y de forma innecesaria el dinero y los bienes. Es usar algo en forma inadecuada o hacer gastos superfluos. Este comportamiento es frecuente en personas que están a nuestro alrededor y lo vemos en hechos como comprar alimentos en cantidades desproporcionadas y luego tirarlos a la basura o comprar algo porqué está en oferta para luego no usarlo.

El despilfarro es un mal hábito que normalmente se adquiere en la infancia en hogares donde no se miden las consecuencias de malgastar lo que se posee y que ha demandado esfuerzo para su adquisición. Afecta a los individuos en lo personal, profesional y social llegando incluso a ocasionar problemas cuando sus compañeros son perturbados por el mal uso que dan a equipos de trabajo, electrodomésticos y dinero.

El uso inadecuado del dinero y los bienes de uso diario generalmente tiene un impacto negativo en el presupuesto personal y familiar. Un padre que no hace mantenimiento preventivo a su vehículo pagará más tarde por una reparación mayor. El empleado que maltrata la computadora ocasiona un gasto innecesario de reparación y el niño que deja su bicicleta en la calle, lamentará que se la roben.

Para evitar este tipo de comportamiento es fundamental adquirir conciencia del valor del dinero, del tiempo que se invierte en ganarlo, de las necesidades familiares y de la conveniencia de elaborar un presupuesto mensual de gastos. También es muy importante revisar las facturas de servicios, hacer compras inteligentes, practicar el mantenimiento preventivo y enseñar a los niños con el ejemplo.

Una vez completado su relato, Raúl le pide a sus padres que lo orienten en la forma en que puede ayudar a su novia, Andrea, a tomar conciencia de la importancia de hacer un uso racional de los bienes que posee, de los servicios con los que cuenta y del dinero que utiliza. Quiere compartir con ella parte de la formación financiera que ha recibido y que le ha permitido adquirir el hábito de hacer buen uso de todo lo que le rodea.

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