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Mi carro, mi salud y yo

Rafael conversa con sus amigos en torno a la conveniencia o no de usar vehículo en la ciudad. Mientras algunos están a favor, otros están en contra. Rafael forma parte del segundo grupo porqué considera que deberíamos usarlo en casos en que sea estrictamente necesario y que en esto ayudaría mucho el contar con un buen sistema de transporte y educación de la población acerca del cuidado del medio ambiente,

El invento de Henry Ford ha tenido un gran impacto en la humanidad. Por una parte, ha permitido acortar distancias y aumentar la capacidad de movilizar bienes en menor tiempo. Por la otra, en la medida en que se incrementa el número de unidades circulando en el mundo, produce un elevado costo social a la salud del entorno y de las personas con las consiguientes consecuencias en la productividad de las naciones.

El vehículo afecta de manera negativa al medio ambiente. Lo enferma con las emisiones de gases que aceleran el cambio climático y destruyen la capa de ozono. Contribuye a la contaminación acústica y al desecho de materiales no biodegradables como el plomo y el plástico. Genera un alto consumo de combustible, de hecho, se estima que absorbe la mitad del petróleo producido anualmente.

El uso del automóvil afecta la salud de los ciudadanos. Es así como la inhalación de gases tóxicos desmejora la oxigenación de los tejidos y la falta de ejercicio ocasiona obesidad. De igual forma, el congestionamiento del tráfico produce alteraciones del carácter y estado de ánimo. Además, anualmente se pierden vidas humanas en accidentes de tránsito que han podido evitarse.

Luego de argumentar su posición, Rafael concluye que parte de la solución corresponde a los habitantes. Pueden caminar cuando las distancias son cortas o formar grupos para llevar a los niños al colegio. Al mismo tiempo, pueden y deben presionar al gobierno para que mejore el sistema de transporte público y concientice a la población acerca de las ventajas de su uso para su salud y la del planeta.


isabel.idarraga@gmail.com
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